La acomodación es el proceso mediante el cual somos capaces de observar los objetos cercanos. El ojo está diseñado para poder observar sin esfuerzo distancias lejanas. Cuando miramos un objeto cercano el ojo debe aumentar su potencia o “graduación” para verlo nítido, y es el cristalino el encargado de este cambio.
El cristalino tiene en sus extremos unos ligamentos (ligamentos ciliares) que lo unen al músculo ciliar. Al mirar distancias lejanas, este músculo está relajado, y los ligamentos tiran del cristalino. Cuando enfocamos un objeto cercano el músculo ciliar se contrae, los ligamentos se quedan laxos y el cristalino se abomba, de esta forma vemos los objetos claros, pero si continuamos durante mucho tiempo notaremos cansancio, debido a que el músculo ciliar está realizando un esfuerzo.
La capacidad de acomodación del cristalino se va perdiendo desde el nacimiento, a los 10 años el ojo emétrope tiene una amplitud de acomodación de 14 dioptrías, a los 40 años es de 5,5 dioptrías y a los 65 años solamente de 0,5 dioptrías.
Esta pérdida de capacidad para enfocar objetos cercanos se conoce como presbicia o “vista cansada” y se debe a causas naturales. El cristalino con el paso del tiempo se hace más rígido, pierde su facilidad para cambiar de forma y por tanto se hace más difícil poder leer, cuanto más alejemos el texto más nítido veremos, a partir de este momento (alrededor de los 45 años) necesitamos una graduación específica para cerca, que nos facilitará la lectura. Como hemos visto, la pérdida de capacidad de acomodación seguirá hasta los 65 años aproximadamente, por tanto esta ayuda nos será útil durante un tiempo, tras el cual volveremos a notar que hay que alejarse los objetos para poder verlos nítidamente, momento en el que tendremos que actualizar nuestra graduación de cerca.